Todo parecía
en calma por un momento. Las penumbras eran absorbidas por la luz del día que
se asomaban por las ventanas opacadas por el polvo y las telarañas. Yo me
encontraba sentado sobre el sucio sofá, ese mismo sucio sofá que nunca se lavó
en toda su vida. Unos pasos calmados se escuchan en el segundo piso de la casa,
hacen un eco tenebroso en mi oído, un sonido de lo más insoportable. Y
sigo sentado pensando que podría ser, mientras me animo a subir a
averiguar. Se supone que ya no había nadie en la casa, que todo lo
que tenia se había ido desde hace tres días. Tres insoportables días
de los cuales no había dormido nada.
-¡¿Quien carajo esta ahí?!- Grité angustiosamente y a todo pulmón.
Nada. Solamente silencio, solamente el aire rozando las paredes. Creo que me estoy volviendo
loco, me dije. Durante esos tres días infernales
no había escuchado nada en esta casa mas que el choque de las
botellas del mini bar y el golpeteo de mi vaso con la barra de la
cantina. Todavía siento esa sensación de que ella me observa, como lo
solía hacer cuando me sentaba a comer en silencio. Era una mirada despechada,
de esas que no se quitan de encima, una mirada tan fría que se
reflejaba en sus azulados ojos, que congelaba mi cordura y que por un momento
me ponía nervioso. Todavía veo su retrato sobre la
chimenea observándome de esa manera. Se había llevado todo
consigo, excepto ese maldito retrato. ¿Lo habrá dejado
a propósito para que sintiera mas esta culpa? Pero yo se
que se fue de esta casa, que no regresará mas. Ella se fue elegantemente en su
carruaje sin decirme nada, sin verme siquiera, pero con una
mirada fría que pesaba en todo el ambiente. Yo sabía que ella
no regresaría a esta casa nunca más. Aun me siento culpable de lo sucedido,
pero juro que fue un accidente, que no fue a propósito. Aquel candelabro
no debía caer en aquel sitio, no debía ni tocarla,
simplemente la cadena termino por romperse. Ella nunca lo entenderá, ella
solo buscaba una excusa para salir de aquí. Su hartazgo de todo esto era
tal, que varias veces quiso escaparse a mis espaldas. De nuevo
escucho esos pasos de ultratumba sobre mi cabeza, pasos que caminan
desesperadamente buscando alguna salida. Y yo sigo paralizado del miedo sobre
el sofá pensando en mi locura. En el espejo veo pasar una sombra deforme
corriendo hacia la puerta, ¿será acaso su fantasma o el sueño ha fatigado mi
vista y me engaña vilmente? Esas pisadas seguían sonando con gran estruendo y
no había nadie que me confirmara si era solamente yo quien las
escuchaba. De repente tras mi oído siento una fatigada respiración, un aire
frío que me da escalofríos. ¿Sera la culpa que come mis entrañas, que
alimenta mi locura? o ¿serán las botellas vacías que han carcomido mi cabeza
durante estos tres últimos días? No lo se todavía, mi locura se ha vuelto
mi nueva compañera. Ahora soledad y locura son quienes me observan morir en esta
casa infernal, quienes observan como la culpa me tortura hasta desfallecer
dentro de esta casa fría y sin sentimiento alguno, esta horrorosa choza a
la que nadie visita nunca jamas.
[Perry O'Hara]
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