martes, 6 de marzo de 2012

Un sueño IV/ El tipo de blanco


Hace demasiado frio en esta terraza. Estoy sentado en una mesa de restaurante esperando a alguien desconocido. Voy vestido de manera elegante. Un traje negro, camisa blanca y corbata negra. Pasan unos minutos enmudecidos, solo escucho el correr del frio aire que se siente  en este momento. Unos pasos se avecinan detrás de mí. Los  nervios hicieron presencia. Se sienta en la silla que esta frente a mí. Su cara no me es perceptible, el lugar era oscuro y no se visualizaba bien. El tipo llevaba puesto un traje blanco, camisa negra y sin corbata. En la mesa había un plato con comida y dos copas de vino. El tipo de blanco sin decir nada andaba degustando su platillo, el único platillo sobre la mesa. Yo también tenía un plato, pero estaba vacío, tan vacio como yo. Había un eco silencioso, nadie hablaba. Solo lo veía comer y tomar su copa. Me voltea a ver, eso creo, y me dice con serenidad y una sonrisa algo inquietante:

-¿Sabes porque te mande a llamar? Quiero pensar que si.


Dije entrecortado y nervioso


-Nnnoo, no lo sé.
-¡Eso! Por eso quería hablar contigo. Hay algo que debe cambiar aquí o seguirá todo jodido como siempre.


Toma un bocado del plato, espera a que yo le diga algo. Un largo silencio, solo eso. Pasaron unos minutos y le pregunte:


-¿De qué hablas? ¿cambiar qué cosa? No entiendo de qué me hablas.
-¡Maldita sea! Abre más los ojos. Bien sabes a que me refiero. Ya sabes, es lo que te ha traído jodido todo este tiempo. Piensa, seguramente sabrás de qué hablo. No sigas esperando.
-¿Esperar?
-Si. Siempre estas esperando y no sabes que esperas.

Él jugaba con la copa de vino. Otro silencio se hizo presente. Mi plato seguía vacío. No me atrevía a tomar la copa sobre la mesa. Sin pensarlo titubee:

-No estoy seguro de…- Se para y me interrumpe bruscamente.
-¡Tu nunca estas seguro de nada!

Casi me arroja a la cara el vino de la copa, pero se contuvo y se volvió a sentar en su silla dándole un sorbo. Después prendió un cigarrillo y me miro amenazantemente. Silencio, solo eso, un silencio profundo. No me iba a dejar hablar, lo sabia, se le veía en su cara.

-Pierdes tu tiempo. Lo seguirás perdiendo, seguirás jodiendote. Ya te dije que debes cambiar algo aquí. Tú sabes a que me refiero. No podemos seguir así.

Su cara comenzó a iluminarse en ese momento. La reconocí rápidamente. Siento un escalofriante miedo, me hice para atrás junto con la silla como si el me fuera a atacar. No lo podía creer, todavía sigo desconcertado. ¡Era yo! Él era yo. Actuaba diferente, pero físicamente era yo.

Sigue hablando:

-Si tú no haces nada, no podre ayudarte. Tus lamentos no sirven para un carajo y lo sabes, pero lo sigues haciendo. Te frustras a ti mismo.

Silencio, mas silencio. Él tenía razón. Suelo desviar esos temas. Esta vez no me dejó. Sentado, me quede observándolo con odio, un odio maldito. Quería molérmelo a golpes. Pero de que serviría, yo seguiría igual.

El seguía mirándome con amenaza como si me fuera a atacar con el tenedor pero se contenía. Cada vez el frio se hace mas intenso, insoportablemente intenso. A él no parece importarle un carajo. Un viento fuerte llego de improviso haciendo volar las cenizas sobre la mesa.

-¡Ya basta!- dice enojado –Tu silencio no soluciona nada. Estas solo porque quieres, estas solo porque no sabes que es lo que quieres y sigues esperando algo que desconoces.  Tu existencia se ha vuelto absurda, lo sabes. Nunca te haz animado a cambiar algo por que tu cobardía no te deja.

Fue la gota que derramo el vaso. Me pare bruscamente, la mesa salió volando junto con mi silla, lo agarre del cuello de la camisa y lo azote contra la pared.  Un puñetazo en la nariz, otros dos en la quijada. Se comenzó a reír. Reía desquiciadamente. <<Esta loco este tipo>> me dije. Lo suelto rápidamente y se dirige tambaleándose hacia una barda y se sienta dando la cara al suelo.

-Esta bien, haz lo que quieras. Sigue lamentándote y escondiéndote si quieres. Sigue jodiendote la vida si quieres- Dijo entre risas.

Camina con la nariz aun sangrando. Toma las escaleras que estaban en el fondo y en señal de despedida agregó:

-Recuerda que… jajaja… aunque ignores lo que hablamos… ¡Sin embargo se mueve!

Baja los escalones y a cada paso que avanza van desapareciendo. Su risa disminuye hasta que todo queda en silencio. Me quedo ante un mudo e insoportable frio sentado en el suelo, recargado ante un muro desesperado por todo lo que me había dicho.
Un peculiar dolor de cabeza me ataca y me tiro al suelo con las manos en el área del dolor. No se cuanto tiempo estuve en posición fetal gritando por aquella tortura infernal. Me levanto y un espejo antiguo de cuerpo completo estaba frente a mí. Podía ver en el reflejo un yo destruido y acabado, una cara de los mil demonios, como si una resaca eterna me hubiera atacado. Me quedo observando en silencio un largo rato. Una furia comenzó a controlarme. No puedo aguantar más y grito desquiciadamente

-¡¿Quien eres tu?!
Nada. Más silencio nada más. El reflejo escribe sobre un papel y lo pone sobre el espejo <<Tu soledad>>. Comencé a reír sin parar como un loco.
-Esto se trata de un juego ¿verdad? Ya me canse de esto. ¡Déjenme en paz! No sé que quieres de mí.

Las lágrimas de desesperación brotaban de mis ojos. Jalo una de las sillas y me siento. El reflejo escribe nuevamente.

<<Cambia algunas cosas, o seguirás jodido como ahora>> decía el papel.

En un momento de ira me paro de la silla la tomo y la aviento contra el espejo. Se rompe en pedazos. Ya no queda nada, solo cristales en el suelo. Me asomo sobre el barandal de la terraza. Un oscuro y profundo vacío. Se escucha el viento rozar contra las paredes. Pensé por un momento en aventarme desde aquí, pero no era necesario simplemente no era la salida perfecta. Miro a mí alrededor buscando alguna puerta. No existe ninguna. No consigo salir de esta terraza. Me quedo otro rato en silencio esperando a que suceda algo más. Nada pasa, un mudo frio y nada más. No queda de otra, la desesperación me mata. Tomo vuelo, comienzo a correr y salto hacia el vacío. Mientras caigo un pensamiento asalta mi cabeza. <<Aquel cambio, ¡ya se a que se referían!>> y mi cuerpo toca el suelo. Despierto bajo mi cama, me había caído de ella. Una pesadilla, era solo eso. Mi subconsciente jugo conmigo todo este tiempo. 



[El Ornitorrinco]
02/Julio/10 Tomada por Ana Paula Tello

No hay comentarios:

Publicar un comentario